La configuración clásica de una vivienda de finales del siglo XVIII dio paso a una diáfana y moderna vivienda para una joven familia.
La vivienda, dividida en cuatro crujías, estaba compartimentada en múltiples estancias de pequeño tamaño, comunicadas entre sí.
El salón y los dormitorios se encontraban en fachada, mientras que la cocina estaba situada al fondo de la vivienda, alejada de la zona de estar. Anexo a la cocina había un pequeño aseo, respondiendo a la distribuciones de la época donde las zonas de servicio se encontraban al fondo de las casa.
La premisa fundamental a la hora de realizar el proyecto fue la restructuración del orden general de la casa, en el que la prioridad fue conectar visualmente los distintos espacios, aprovecharla luz natural que entraba por la fachada principal y conseguir una configuración abierta y flexible.
De esta manera, se organiza el espacio en una zona de día que ocupa la mitad exterior de la casa y una zona baño y dormitorios vinculada al luminoso patio interior.
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