Un amplio local, dedicado durante años a la venta de mobiliario tradicional, renovó su imagen para convertirse en una divertida tienda de regalos y menaje para el hogar en una de las zonas comerciales más transitadas de la capital.
El espacio original, estaba estructurado en dos niveles, y se caracterizaba por una configuración longitudinal y grandes ventanales en la fachada principal.
El punto de partida a la hora de plantear la reforma fue potenciar la continuidad espacial, de forma que la nueva distribución permitiese la cómoda circulación de los clientes, así como el fácil acceso a los productos.
La conexión visual entre los dos niveles, la unificación de acabados y el óptimo aprovechamiento de la luz natural y artificial fueron aspectos que también se tuvieron en cuenta.
La fachada fue tratada para adecuarse al nuevo estilo del local y el antiguo almacén de planta sótano se reconvirtió en una moderna cocina donde actualmente se imparten cursos y talleres.